Desalmados

En el “censo” de parados hay dos grupos de personas especialmente vulnerables: los mayores de 45 años que son 1,8 millones, en gran mayoría procedentes de la construcción y el 70% con solo la educación básica, y los jóvenes que en la época de bonanza dejaron sus estudios por el dinero que manaba de la misma construcción.
Para que estas personas tengan alguna posibilidad de volver a trabajar han de reciclarse con formación complementaria para aprender a “saber hacer” en otras empresas y sectores de actividad, porque la construcción jamás volverá a absorber la cantidad de mano de obra de cuando la burbuja estaba en su punto álgido. Ese reciclaje lo había previsto el sistema habilitando ingentes cantidades de dinero, en gran parte procedente de Europa, para actualizar profesionalmente a estas personas enseñándoles nuevos conocimientos y habilidades.
La intención era buena. Pero el mismo sistema que habilitó los recursos económicos permitió el latrocinio al dejar la realización de los cursos en manos de empresas, de patronales y sindicatos que cobraron pero, o no organizaron las acciones formativas o diseñaron cursos con temario totalmente inútil que nada aportaban a los asistentes para su inserción en el marcado laboral. Un fraude monumental de conocimiento público en toda España.
Ahora ese fraude está aflorando en A Coruña en donde un grupo de desalmados tenían montada una trama para enriquecerse con las subvenciones y ayudas destinadas a la formación de parados y minusválidos. Gran rapiña organizada que esquilmó la cantidad de 20 millones, cinco más que la estafa tan mediática cometida con las tarjetas opacas de Caja Madrid.
Por lo que se sabe hasta ahora, y falta mucho por saber, sorprende la larga nómina de implicados, con el principal encausado –que ahora se revuelve contra la Xunta– actuando en connivencia con funcionarios, altos cargos de la administración, presidentes de asociaciones profesionales, vecinales o empresariales. Pero lo más sorprendente e indignante es que quienes tenían la responsabilidad de administrar los recursos públicos, que son de todos, no hayan ejercido la función de seguimiento y control para que el dinero que entregaban fuera destinado a la formación.
Que la justicia nos salve de esta y de otras indecencias. Pero además hay que depurar responsabilidades políticas hasta desenmascarar a todos los implicados “sexa que sexa”, dijo el presidente de la Xunta, que en esto consiste “pedir perdón actuando”. Y que los ladrones devuelvan todo el dinero robado.

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