30.000 gallegos padecerían hepatitis C crónica y el 75% no son tratados

   La hepatitis C puede afectar de manera crónica en Galicia a entre 28.000 y 30.000 personas, según el jefe de Servicio del Departamento de Enfermedades Digestivas del Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra, el doctor Juan Turnes, quien alerta de que un 75% de las personas que padecen esta dolencia no son tratadas por un especialista.

El doctor Turnes reconoce que se ignora cuántos pacientes tienen hepatitis C y apunta que incluso «la mayor parte de la población desconoce que la padece», aunque puntualiza que las estimaciones apuntan a que «entre 28.000 y 30.000 gallegos tienen infección crónica por este virus».

A mayores del problema de que haya personas infectadas que no están diagnosticadas, este especialista explica que una gran proporción de pacientes que sí sabe que están infectados no llega al especialista, con lo que no pueden beneficiarse de los actuales tratamientos. En España la impresión de los hepatólogos es que, «como mínimo, un 75 por ciento de los pacientes se está perdiendo», afirma.

Al extrapolar datos de países donde sí se ha estudiado la proporción afectada, expone que todo lleva a pensar que «de cada 100 pacientes que tienen hepatitis C, solo 50 se han hecho alguna vez alguna prueba para saber si la tiene». «De esos 50, sólo 25 han sido remitidos a un especialista para que se les haga una valoración, y de esos 25 tan solo 10 han empezado un tratamiento», expone.

AVANCES

En su opinión, que menos de un 25 por ciento de las personas afectadas pueda llegar a un tratamiento es un problema, máxime al tener en cuenta que en el último año se ha producido lo que califica como «un gran salto» en el tratamiento de la infección con moléculas con altas tasas de curación, o de respuesta viral sostenida (RVS), según la terminología médica, que pueden llegar a superar el 90 por ciento.

«En los últimos años el tratamiento de la hepatitis C ha progresado muy lentamente, y durante 20 años los tratamientos han tenido una eficacia muy discreta, con posibilidades de curación realmente bajas -en torno al 20 a 30 por ciento-. El gran salto hacia delante se dio en el año 2011 con tratamientos que actúan directamente sobre el virus, que han tenido un recorrido de dos años en España; ahora nos encontramos con fármacos nuevos que tienen unas virtudes muy importantes que les diferencian de los conocidos hasta ahora», afirma.

Estos nuevos fármacos son simeprevir, comercializado como ‘Olysio’ por Janssen, y sofosbuvir, de la farmacéutica Gilead, comercializado como ‘Sovaldi’. Sofosbuvir, al igual que simeprevir, incluido en la financiación pública desde el pasado 1 de agosto, es un medicamento de última generación contra la hepatitis C, con unas tasas de eficacia muy altas, según el Ministerio de Sanidad.

La ministra de Sanidad, Ana Mato, anunció el pasado 24 de septiembre que el Ministerio ha alcanzado un principio de acuerdo con el laboratorio fabricante del medicamento para la hepatitis C Sovaldi (sofosbuvir) para incluir este fármaco en la financiación pública, y asegurar así «que está a disposición de los médicos para prescribirlo a los pacientes que lo necesiten».

El doctor Juan Turnes reconoce que los fármacos que fueron aprobados en 2011 «fueron fundamentales porque permitieron tratar a los pacientes», pero se han quedado obsoletos porque tienen muchos efectos secundarios, el número de pastillas es muy elevado –«puede oscilar entre 5 y 12», calcula- y sus niveles de curación han sido superados por estas nuevas moléculas.

SOFOSBUVIR

Concretamente, destaca sofosbuvir porque «tiene actividad contra todos los tipos del virus de la hepatitis C», además de ser «un fármaco muy potente frente al virus» y tener la ventaja de tratarse de un comprimido al día, «lo que facilita la comodidad del paciente y que sea adherente al tratamiento». Por otra parte, es un fármaco que, según él, apenas produce efectos secundarios, con una «seguridad radicalmente mejor que fármacos anteriores».

«Son cuatro ventajas importantes: la capacidad de dársela a cualquier paciente con hepatitis C, independientemente de la fase y el tipo de virus; el que es un fármaco muy eficaz con altas tasas de curación, de en torno al 80-90 por ciento de los pacientes; la comodidad en su administración y, finalmente, su seguridad para la salud del paciente», explica.

Además, agrega que este fármaco puede combinarse con otros en pacientes que hasta ahora eran de difícil tratamiento, puesto que abre la puerta a ser tratadas personas con enfermedad cirrótica muy avanzada, trasplantados de hígado, pacientes en lista de espera de trasplante y hepáticos por cirrosis avanzada.

De hecho, explica que la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en ingles) el pasado enero recomendó su uso en estos pacientes en combinación con otros fármacos -pese a no haber estudios que lo avalen- porque «el riesgo es demasiado alto y el beneficio supera el riesgo a esperar el desarrollo de estudios que lo avalen».

En su opinión, el tratamiento para estos pacientes siempre estará justificado, ya que «la cantidad de dinero que cuesta el fármaco compensa cuando se tiene en cuenta el coste de la enfermedad si no se cura». «Aquí estamos hablando de una enfermedad que se puede curar, que no tiene que ser una enfermedad crónica, y que además la podemos curar en un plazo corto de tiempo que conocemos perfectamente, entre 12 y 24 semanas dependiendo de determinadas característica», concluye.

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