Tojeiro

En una sala de esperas, de la sede central de Gadisa en Piadela, hay enmarcado un decálogo “ideológico/empresarial” escrito por Roberto Tojeiro padre. No sé cuándo al perspicaz empresario se le ocurrió redactar esos mandamientos, ni si lo hizo a base de acumular ideas o en una mañana de reflexión inspirada, pero lo cierto es que allí dejó definidos con sencillez y claridad el sentido de un proceder empresarial ejemplarizante, del que debieran tomar nota todos aquellos que aspiran a triunfar en el proceloso mar de los negocios.

Roberto Tojeiro Díaz quedará como ejemplo de esa generación de gallegos capaces de convertir el grano de mostaza en un frondoso árbol, sin abandonar la tierra propia. Pero también de quienes han luchado para crear y construir una gran casa con todas las comodidades, seguridad, saludable y culta, con ventanas abiertas al futuro, para gozo y disfrute de las generaciones venideras. Sin embargo, llegado el relevo, en ese magnífico marco muchos herederos están condenados a bailar con las más feas: la incompetencia política y el ataque de los especuladores. En poco tiempo hemos visto como empresas gallegas de prestigio cierran sus puertas o son engullidas por los tiburones foráneos, amparados por la crisis.

No es el caso de Roberto Tojeiro, hijo, a quien la pasada semana el Grupo Correo distinguió como Gallego del Año. Su emporio de empresas mantiene el rumbo marcado y su discurso de agradecimiento me recordó al decálogo paterno. Consciente de la situación, al mando de una gran nave, no se olvida ni del último grumete. Un paternalismo que puede sonar demodé, pero que resulta eternamente eficaz si es honrado. En una ocasión, Xurxo Lobato fotografió a Roberto Tojeiro Fernández subiendo una escalera, detrás tenía a un grupo de sus trabajadores anónimos. La imagen no necesitaba palabras. Nos presentaba a un gallego que sube y sabe hacerlo con la compañía adecuada.

Tampoco Tojeiro hijo protagonizaba él solo el escenario de los premiados. Le acompañaba una parte ejemplar de su generación y de la anterior. Estaba rodeado de mucho trabajo y talento galardonado. Y debo confesar que tuve un mal augurio mientras escuchaba al satisfecho presidente Feijóo. Nos va a costar, pensé, volver a tener generaciones como estas después del hundimiento político, social, sanitario, educativo, cultural… que estamos padeciendo. La foto se me antojó de final de etapa histórica.

Vamos a necesitar una legión de Tojeiros, capaces de emprender de verdad, de crecer con eficacia, de ejercer el mecenazgo y de creer en los que siembran en Galicia. Como hizo el viejo cuando compró su primer camión. Todo vuelve “e chove sobre mollado”.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar