La comunicación del Rey

El Rey Felipe VI aprovechó su discurso de la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias para hacer un llamamiento a la unidad y al espíritu de concordia entre los españoles. Es evidente a lo que se refiere: Cataluña. El joven monarca se adentra así en un terreno embarrado y con su gesto da pie a que unos elogien su compromiso con la unidad de España y otros pongan en cuestión su verdadera función constitucional. Difícil encrucijada, que él, del mismo modo que hacía su padre, suele salvar con llamamientos patrióticos de corte integrador, pero tomando siempre partido.

«Los españoles no somos rivales los unos de los otros», dijo Felipe VI para subrayar «el caudal de progreso que hemos conseguido con el empuje de todos» y el orgullo de «lo mucho y lo bueno que hemos hecho juntos». El Rey español es joven pero habla a menudo como si fuera mayor. El presidente Barack Obama, que pasa por ser el líder que mejor comunica en el mundo, es mayor que Felipe VI pero cuando habla parece más joven. En parte por su estilo pero también porque su éxito reside en la comunicación de valores.

La capacidad para comunicar no es un asunto menor. Es lo que llevó al demócrata Obama a la Casa Blanca y, salvando las distancias, es lo que da alas a Pablo Iglesias al frente de Podemos en España. Puede que fuese también determinante en el éxito político del socialista Felipe González. Todos ellos, en mayor medida que el Rey, recurren en su discurso político a la dimensión verbal (discurso) y a la no verbal (lenguaje corporal e imagen, fundamentalmente), de modo que ponen en sintonía lo que dicen y cómo lo dicen.

Si el Rey de España optase por desempeñar un papel estrictamente neutral, al estilo de la monarquía británica, su estilo de comunicación podría reducirse prácticamente al lenguaje no verbal, pero si como estamos viendo quiere adentrarse en la política y fijar posiciones, tal vez debe cuidar más su lenguaje verbal, es decir, su discurso político. Modernizándolo y centrándolo más en los valores. Un ejemplo práctico: si se convierte en un líder que habla como Mariano Rajoy cuando analiza el caso de Cataluña, su mensaje no calará entre los catalanes y, en el mejor de los casos, solo dará satisfacción al resto de los españoles. Obama puede ser un mejor ejemplo para comprender la importancia que tiene transmitir un mensaje impecable en cada situación, adaptándolo a las necesidades concretas de cada momento. Tan buen ejemplo es que incluso tiene una mujer, Michelle Obama, que domina las técnicas de comunicación verbal y no verbal prácticamente al mismo nivel que su marido.

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