La cárcel no llega, que devuelvan el dinero

Soy de los que creen que los productos de la huerta crecen más lentamente que los corruptos. Su crecimiento es rápido e imparable por mucho que se les llene la boca a los líderes políticos de más alto rango diciendo que los van a cortar de raíz. Rara es la semana en que no salta a los medios de comunicación un nuevo caso. Inicialmente eran a título individual, si exceptuamos los ERS de Andalucía, pero ahora, con el caso Caja Madrid, surgen a borbotones, como si de plantas se tratasen.
Creo que me quedo corto. En el momento actual hay más de 1.700 causas abiertas, superan el medio millar el número de imputados, y de los de nombres conocidos poco más de una treintena son los que están a la sombra, o sea, en prisión. Pasemos revista: Juan Antonio Roca, Julián Muñoz, María Antonia Munar, Luis Bárcenas, Jaume Matas, José María del Nido o Gerardo Díaz Ferrán. Son políticos-folclóricos, exministros, presidentes de comunidad autónoma; de cámara legislativa; de equipo de fútbol; de la gran patronal y del sector de los viajes. Y otros que tienen un pie en el umbral de una prisión: la tonadillera, Isabel Pantoja; el expresidente de Diputación e impulsor de aeropuertos inútiles, Carlos Fabra, o Maite Zaldívar, la exesposa de un inquilino carcelario que gobernó Marbella.
La lista de los que están pendientes de saldar cuentas con la justicia la desbordan ahora ese amplio equipo de consejeros de Caja Madrid, encabezados por Miguel Blesa y Rodrigo Rato, que usaban unas tarjetas de crédito opacas y que servían tanto para un roto como para un descosido: vinos, comidas, viajes, zapatos, muebles, ropas, masajes, clubes de alterne, dinero en metálico etc. Una especie de lámpara de Aladino, pero de la que al frotar salía el dinero de los clientes-impositores y que luego tuvimos que pagar todos los españoles por medio del FROB. No soy partidario de que las personas expíen sus culpas económicas permaneciendo un tiempo más o menos largo en una celda carcelaria. No creo que la permanencia en prisión sea sinónimo de regeneración. Nuestro sistema penitenciario, al igual que la gran mayoría de los del mundo, adolece de ello.
Como contribuyente al que le robaron el dinero, la única solución es que devuelvan esas ingentes cantidades de euros que se llevaron. La cárcel no soluciona el problema, porque, como decía un conocido delincuente que robó un furgón con varios cientos de millones de las antiguas pesetas, “al final del camino me espera la pasta”. Para estos delincuentes convictos y confesos, los días son más cortos sabiendo que fuera de los muros y las celdas, a buen recaudo, está  nuestro dinero

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