Ébola

Si algo bueno se puede decir de la crisis del ébola es que la auxiliar de clínica contagiada está superando la enfermedad y que las personas bajo seguimiento no presentaron síntomas hasta ahora, una buena señal que acrecienta la esperanza de que todo quede en un solo contagio.  Pero es lo único positivo tal como se desarrollaron los hechos jalonados por un cúmulo de despropósitos e incompetencia, incluso antes del diagnóstico de la sanitaria gallega, al no proceder con el rigor que requería el problema. Primero, porque, tomada la decisión de repatriar a los misioneros, no hubo una previsión de necesidades de instalaciones, equipos técnicos y de formación específica del personal sanitario. Y después de la muerte del misionero y médico García Viejo hubo exceso de confianza, se cometieron imprudencias y errores y se relajaron los procedimientos, sobre todo en  el seguimiento y control de las personas de riesgo.
Si a esta situación de descontrol ante un problema sanitario grave se une la falta de liderazgo y de un plan de comunicación, el cóctel del miedo y de la histeria social estaba servido. En los primeros días, los políticos responsables transmitieron confusión en lugar de generar seguridad y control de la situación y algunos medios de comunicación, más que informar, practicaron el sensacionalismo y potenciaron el miedo.
La gestión de la crisis mejoró cuando el Gobierno constituyó el comité científico de seguimiento, con la vicepresidenta al mando. Su primera y acertada decisión fue canalizar toda la información a través de portavoces con conocimientos técnicos y capacidad de construir un relato coherente y convincente para llevar la tranquilidad al país y al mundo que estaba mirando a España.
¿Qué conclusiones podemos sacar de esta crisis? La primera, que África existe y carece de todo. Allí el virus del ébola “goza de buena salud” y el occidente acomodado, que es vulnerable, sigue haciendo poco para ayudar a contener esta enfermedad que la OMS prevé llegue a los 10.000 contagios por semana. Lo expresaba un africano que en una viñeta de El Roto sentencia: “os olvidasteis de África, pero África no se olvidó de vosotros”.
Segunda conclusión: que los errores en el protocolo y el contagio posterior producido no son exclusivos de España. Hay que ver lo que está pasando en Estados Unidos, sin que el “mal de muchos sea consuelo de bobos”. En esto, como en otras cosas, es mejor recuperar un poco de autoestima que flagelarse porque vivimos en un país que también sabe hacer los deberes.

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