¿Luces cortas o largas para las caixas?

Debate sobre el estado de la autonomía. El Parlamento acordó la continuidad de la comisión de investigación para analizar y evaluar la evolución económico-financiera de las antiguas cajas y las causas y responsabilidades de su situación. Sospechan que hubo prácticas de maquinación por parte de alguno de los altos dirigentes de las caixas para enriquecerse personalmente a costa de causar un grave perjuicio económico a su entidad. La resolución fue aprobada por unanimidad.

Parece evidente que el escándalo de las tarjetas de los directivos de Caja Madrid –ahora Bankia- ha pesado en el ánimo de los parlamentarios gallegos a la hora de tomar esta decisión, si bien no han aportado datos de operaciones similares en las antiguas cajas gallegas.

Los diputados están en su pleno derecho de adoptar esta decisión pero denotan menos luces a la hora de diagnosticar la situación financiera del país con perspectiva. Sin renunciar a ninguna investigación parcial, podría tener más sentido que el Parlamento centrase sus esfuerzos en el futuro financiero de Galicia, partiendo de un buen conocimiento de un pasado lamentable, que desde el poder autonómico no se supo prever ni gestionar bien. La prueba es el resultado final, que es lo que cuenta: Galicia se quedó sin cajas de ahorros y sin los bancos Pastor y Gallego. Incluso sin el Etcheverría, aunque por razones distintas.

Nadie ha explicado todavía, ni desde el Gobierno ni desde la Oposición, qué pasó para que el Estado –léase los contribuyentes- tuviera que inyectar 9.000 millones en Novacaixagalicia, una cifra que supera el presupuesto de la Xunta. Y desde el Parlamento, del mismo modo que desde la Xunta, tampoco parece que interesase mucho la desaparición de un banco como el Pastor, clave en la historia financiera y económica de Galicia. Si Gobierno y Oposición se suman para fijarse en el dedo que señala la Luna y no en la propia Luna no llegarán lejos, pero tal vez encuentren un buen entretenimiento.

De paso, un recordatorio: los gobiernos de Emilio Pérez Touriño (PSOE) y de Alberto Núñez Feijóo (PP) tenían plenas competencias para controlar las cajas de ahorros de Galicia, en paralelo con el Banco de España. Si revisan en sus cajones y en sus mails van a encontrar expedientes que ahora les llaman la atención. Es más, si miran bien probablemente podrán releer la autorización a determinadas operaciones que descalifican, como si fuesen completamente ajenos a las mismas. ¿O acaso la Consellería de Economía, con Touriño y con Feijóo, no autorizó todas las operaciones sensibles de las antiguas cajas?

Sorprende, pues, la generosidad de socialistas y populares con la oposición nacionalista -parte de la cual también estuvo comprometida, por cierto, en el bipartito- y la izquierda española representada por EU, que es la única que tiene las manos libres.

Puede ser que para una parte de la opinión pública y para algunos políticos tengan más interés los detalles que los verdaderos problemas de fondo, pero cuando los historiadores analicen el final de esta Liga de los escándalos seguramente se van a quedar, en primer lugar, con lo esencial: la crisis acabó en Galicia con las cajas y con bancos como el Pastor. Tal vez para entonces se sepa qué pasó con los miles de millones necesarios para el saneamiento financiero y no con otros cuantos millones que, siendo igualmente relevantes en términos morales, no pueden tener la misma dimensión económica y financiera para el país.

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