AVE: El cuento de nunca acabar

Como gallego empiezo a estar harto de que se nos siga considerando tontos cuando se nos habla de disponer de un enlace de alta velocidad con Madrid. Lo que para los políticos es un AVE en toda regla, para mí es un tren que va a velocidad superior a lo que por desgracia estamos acostumbrados. Algunos dicen que es un convoy ferroviario de velocidad alta o de alta velocidad. Llegados a este punto ya no sé con qué definición nos tenemos que quedar los que sufrimos con frecuencia las más de cinco horas y media para llegar desde la estación de Santiago a la de Chamartín en Madrid.
Recuerdo que el objetivo de la línea de alta velocidad Olmedo-Zamora-Santiago era conectar ferroviariamente Galicia con el resto de la España peninsular siguiendo en parte el corredor de la línea convencional Zamora-A Coruña.
De lo que se decía a lo que existe en la realidad hay grandes incumplimientos. Las promesas de los políticos han sido moneda de cambio electoral, pero no de curso legal. A ministros como Saénz de Cosculluela, Cascos, Magdalena Álvarez, José Blanco o Ana Pastor se les llenó la boca de declaraciones para dar fechas, siempre incumplidas, de finalización de las obras. Ninguno cumplió sus promesas electorales. De todos ellos al que le creció más la nariz fue a Blanco cuando, estrenado su cargo de ministro de Fomento, dijo que Galicia contaría con un AVE “que estará entre los mejores de España”. Y le volvió a crecer la nariz cuando señaló que “se podrían alcanzar velocidades de 300 kilómetros a la hora”, y que a todos los niveles tendría las mismas condiciones que los trenes de alta velocidad con Barcelona y Sevilla.
Las tomaduras de pelo fueron constantes. Pero de entre todas ellas destacamos una con gran parafernalia de por medio cuando Gobierno y Xunta firmaron el pacto del Obradoiro que reflejaba :“constituye un objetivo compartido por el Gobierno y la Xunta la necesidad de impulsar el despliegue de la alta velocidad ferroviaria en Galicia para que el conjunto de la línea esté en servicio en torno a finales del año 2015”
Y ahora cuando el calendario avanza rápidamente hacia 2015, año electoral, la ministra de Fomento anuncia que aún nos quedan más años de espera. La meta de la mentira política permanente se prolonga ahora un quinquenio. Insisto, estoy harto. A la ministra Pastor, le recuerdo que sin ser gallega los votos que la aúpan al Congreso los consigue en la provincia de Pontevedra. Nos merecemos más respeto. No lo olvide.

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