Datos aterradores

Por mucho que lo intento debo reconocer que cada vez que de forma oficial se ofrecen datos, del tipo que sean, relacionados con los tremendos problemas que padecen y pasan muchos miles de personas para poder subsistir en este mundo loco, desquiciado y nada solidario, algo se me revuelve en lo más profundo de mi interior. Y siempre me hago la misma pregunta, ¿los políticos, los gobernantes son insensibles o prefieren no enterarse?.
Más de dos millones y medio de personas en riesgo de exclusión social fueron atendidas por Cáritas en el último año representando un desembolso económico cercano a los 300 millones de euros de los que algo más del 75 por ciento procedieron de las aportaciones privadas. En una palabra, la solidaridad de esas personas que son conscientes de que la emergencia solidaria es real y que está a diario en nuestras calles. El impacto de la precariedad en las personas hace necesario, hoy más  que nunca, la puesta en marcha de programas estratégicos porque el riesgo de exclusión social cada vez es mayor. Las instituciones sociales destacan  que los fundamentales son los relativos a empleo, acogida y vivienda.
Los alarmantes datos dan cuenta también de que es necesario articular sinergias sociales que permitan revertir el actual modelo de descarte, para que los  últimos y no atendidos, los más vulnerables recuperen su dignidad. Es necesario construir una economía que ponga en el centro a las personas y no para redistribuir el trabajo y que todo el mundo pueda acceder  a un empleo digno y de calidad. Las últimas aportaciones sacadas a la luz por las entidades que ayudan a los más desfavorecidos vuelven a incidir en las causas económicas de la desigualdad, propugnando una sociedad donde salud, protección social, educación y vivienda estén garantizados para todos. Cada uno desde nuestras responsabilidades, tenemos que ser los primeros en dar un paso al frente. No esperamos que lo hagan políticos y gobernantes. Entre todos tenemos que buscar vías y abrir caminos, por los que se puedan mover las personas para recuperar su dignidad. Por desgracia y en el momento actual los datos siguen siendo aterradores. Mucho más si nos paramos a pensar  en la incidencia que van a tenerlos los recortes presupuestarios que  las administraciones están realizando sobre las ayudas sociales. Terrorífico, en verdad.

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