¿Dónde está el límite?, ¿dónde la honorabilidad?

 

Tengo que reconocer que en mis muchos años de ejercicio periodístico he visto casi todo. Mi capacidad de sorpresa estaba más que cubierta cuando veía a corruptos y otros especímenes, nacidos al amparo de la política, pulular por todas partes. Tras alcanzar las cotas más elevadas de Europa en corrupción, pensaba que se había tocado techo y que se comenzaba a desinflar el globo.
Soy un ingenuo. La corrupción sigue saliendo a flote. Raro es el día en el que un nuevo autor, o autora, no salte a la primera página de un medio escrito o abra los informativos televisivos y radiofónicos. Nos enteramos de que hay demasiados afortunados en los juegos de azar y que las herencias y legados estaban tan ocultos que nadie los conocía, al extremo que los propios interesados se enteran cuando sus nombres salen en determinadas escuchas, seguimientos, investigaciones o sumarios. Y otros, por los miedos de sus autores a que esas investigaciones les pongan ante el fiscal y el juez, o acusaciones privadas les puedan llevar a descansar en una celda carcelaria.
Lo más irritante es que la mayoría de ellos, con unos niveles de vida superiores a sus ingresos económicos, no sepan, puedan o quieran justificar de dónde sale el dinero. Y también muchos de los investigados tienen unas mujeres, parejas o compañeras que ganan miles de euros, casi siempre por simples informes que no sirven para nada, o que no se enteran de lo que ocurre en el núcleo familiar y económico, ni preguntan de dónde sale el dinero para derrocharlo tan alegremente.
Alguien tiene que poner límite a lo que está sucediendo. No es suficiente con que cada nuevo político que asume el mando de su partido diga frases grandilocuentes como: “Aquí no caben los corruptos. Los vamos a perseguir con toda la fuerza”. Y dicho eso, por regla general, se destapa un nuevo caso en el que está envuelto un alcalde, un parlamentario, un diputado o un concejal integrado en su partido. Por desgracia en los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a que esto se fuera encadenando en todas la comunidades autónomas. Ninguna se salva ni de corruptos, ni de políticos chorizos y trincones del dinero ajeno.
Como en la ruleta : ¡No va más! Este país no puede seguir soportando este despilfarro económico. Este asalto permanente al dinero público y de todos los españoles. No se puede soportar mientras hay muchas, pero muchas, miles de familias que no reciben ni un euro. Que hay millones de personas en el paro. Que hay niños que rondan la exclusión social y la pobreza, sin olvidar las dificultades alimentarias. Que son muchos los miles de personas que duermen en la calle todos los días.
La honorabilidad de los políticos, como un catalán sobre el que tanto bailó este país, está muy, pero muy, en entredicho. Que se les adjudique un número cuando entran en la cárcel para cumplir la condena, es lo justo. Pero me parecería más justo que antes de hacerlo devolvieran el dinero que robaron. Con esos dineros se solucionarían muchas cosas en este país.

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