La generación abandonada

En la primera entrega del trabajo “Pulso de España 2014” que realiza la empresa Metroscopia para el diario El País, los investigadores querían saber si “España es hoy un país… que se preocupa por el futuro de las nuevas generaciones” y un 75 por cien de entrevistados, que representan al conjunto de los españoles en esta muestra fiable, contestaron que no, que España no se preocupa por las generaciones que más pronto que tarde tendrán que tomar el relevo como dirigentes de la sociedad, ni es un país con buenas perspectivas de futuro.

Traigo a colación estos datos del trabajo citado a propósito de la joven lucense Noelia Martínez, titulada en Ingeniería Industrial, Electrónica y Automatización, que acaba de conseguir una plaza en Holanda para trabajar en un ambicioso proyecto en la Agencia Espacial Europea porque, afirma en una entrevista, “en España no encontré prácticas ni ofreciéndome a trabajar gratis. Yo intenté buscar prácticas y no hay nada. Solo conseguí una beca en Canarias y de los 8 becarios que éramos solo hay uno trabajando en España”, dice esta joven de 22 años que estudió en las Universidades de Santiago y León que, además del español y el gallego, habla inglés, francés y alemán, idiomas en los que le hicieron la entrevista de selección para la Agencia Espacial.

Es una víctima más de esta nueva oleada de emigración que se lleva a los mejores de una generación abandonada en su país: personas jóvenes, que obtienen brillantes expedientes académicos en las universidades y tienen que irse con todo su equipaje de conocimientos a otros países en los que aportarán su valiosa contribución a los procesos productivos y, seguramente, acabarán asentándose formando una familia.

El caso de Noelia, de tantas noelias, indica que Galicia tampoco se preocupa por la nuevas generaciones. La comunidad invierte cuantiosos recursos en la enseñanza superior y de las universidades salen ingenieros, informáticos, químicos, médicos, abogados o economistas que aquí no pueden trabajar para construir un futuro digno y la alternativa que les queda es la emigración a otras comunidades o a países del entono comunitario. Su marcha descapitaliza a Galicia que pierde el talento de esta generación y pierde además efectivos jóvenes en edad de procrear que garantizarían los recambios de la sociedad. La marcha de los mejores, el envejecimiento de los que quedan, la caída de la natalidad y la falta de relevos son como el anuncio de la muerte lenta del país. Así de triste y dramático.

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