Todos contra uno y uno contra todos

 

El tiempo del descanso llega a su fin. Ahora hay que ponerse manos a la obra para conseguir que los problemas, múltiples en verdad, por los que atraviesa nuestra sociedad puedan comenzar a vislumbrar soluciones.
Estamos a punto de retirar la hoja del calendario del mes veraniego por excelencia y entrar en septiembre, mes en el que los de mi época superaban los suspensos, y en el que los políticos recargadas sus neuronas -los que las tengas en pleno funcionamiento, que no son muchos-, hacen actos de contrición para que los recojan los medios de comunicación.
Se comprometen, hacen promesas y pergeñan soluciones a los temas que llevan más de tres años en el cajón de los olvidos y que, ahora, adquieren dimensión de importantes teniendo en cuenta que faltan menos de diez meses para que se tengan que presentar nuevamente en una lista electoral y, por lo tanto, pedirles el voto para seguir viviendo del erario público.
En las próximas estaciones climatológicas los políticos se harán más accesibles; bajarán más a la arena de lo popular; tendrán mejores relaciones con los ciudadanos de a pie; estarán dispuestos a oír las quejas y sugerencias; buscarán las manos de sus seguidores para que se sientan mucho más próximos y no cambien la tendencia de su voto. Harán todo tipo de cosas que luego olvidan en los tres años restantes del mandato electoral. En fin, algo que se repite siempre cuando se inicia la cuenta atrás para encarrilar una nueva cita con las urnas.
El trasvase del verano al otoño va a ser muy caliente en el campo político. La batalla se presenta como una especie de todos contra uno, y uno contra todos. O sea, la totalidad de las fuerzas del arco parlamentario nacional, que no son mayoría, contra los populares por considerar que el grupo mayoritario quiere introducir un cambio de las normas de juego cuando el partido está muy próximo a la prórroga, se han consumido 48 meses y restan 9 del mandato electoral.
El verano ha sido caldo de cultivo para la rumorología interesada y partidista. Y para que la serpiente estival se transformase en proyecto para la reforma de la ley electoral. Un tema demasiado serio para que se juegue con él como si de las bolas de los trileros se tratase. Es un arma-pistola-política con munición real que prometo tratar en un próximo artículo cuando las posiciones estén mucho más claras y no bajo los efectos de los calores del verano. En el envite todos nos jugamos mucho. Entre otras cosas más de treinta años de desarrollo democrático y electoral.

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