El ranking de Shangai

Fiel a la cita de agosto llegó el ranking de Shangai considerado por muchos el Mundial de las Universidades, en el que ninguna española está entre las cien mejores. Solo la Universidad de Barcelona aparece en el puesto 151 y 12 centros más se sitúan entre las 500 primeras. En este grupo está la Universidad de Santiago que recupera posiciones.

Dicen los rectores que esta mala clasificación es debida a la diferencia abismal de presupuestos entre nuestras universidades y las anglosajonas y ponen el ejemplo de Harvard, el centro que encabeza el ranking, cuyo presupuesto es cuatro veces superior al de la Complutense de Madrid.

Es posible que tengan algo de razón. Pero los males de la universidad española no son solo de presupuesto. El historiador Álvarez Junco, después de una larga trayectoria docente, lamentaba que su generación no había conseguido hacer la Universidad soñada. “El país ha vivido medio siglo bueno, pero la Universidad no ha estado a la altura. Es un fracaso de nuestra generación” y apuntaba como explicación que “quizá ha adoptado el viejo clientelismo como forma de ser. En universidades extranjeras forman a los alumnos para que vuelen, no para que los contraten en el mismo centro. Eso reproduce los clanes y ha lastrado a la Universidad”.

En esta línea está el estudio del CSIC “Endogamia, productividad y carreras académicas”, que señala a la escasa movilidad laboral y a la endogamia como causantes de gran parte de los males de las universidades. Y Clara Eugenia Núñez en su libro “Universidad y ciencia en España” denuncia el estado calamitoso de nuestra educación superior y de la ciencia y afirma tajante que la calidad de la educación no mejora solo con un mayor gasto. Cuestión primordial es seleccionar a los mejores profesores, a ser posible en un amplio marco internacional, acabando con la mediocridad que resulta del localismo y la endogamia…

La buena clasificación en el ranking de Shangai no da la excelencia a una universidad, pero la supone. Por eso, es una mala noticia que las españolas aparezcan un año más en esa zona mediocre que indica que arrastran carencias estructurales, que son anteriores a la crisis. Les vendría bien un poco de autocrítica para analizar su productividad, su relación con las empresas, el valor añadido que generan para la sociedad, para vencer los localismos… Seguramente todas necesitan profundas reconversiones y alguna la refundación.

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