La clave económica está en producir más

Dicho en pocas palabras, el problema económico y laboral de España sigue siendo de crecimiento, competitividad y productividad. También de deuda, sobre todo privada.

Los españoles se quedaron sin la construcción y, de buenas a primeras, no supieron qué hacer para suplir ese tremendo vacío. ¿Lo saben ya? Es más que dudoso.

El modelo económico apenas se ha renovado y sigue funcionando todo aquello que siempre funcionó, caso del turismo.

A veces en España se debate mucho sobre cuánto debe ingresar y gastar el Estado –debate propio de cualquier gran país- pero en cambio se debate poco sobre todas aquellas cosas a las que debe dedicarse la gente. Por eso se generan tantos debates a destiempo.

Un ejemplo: en Estados Unidos también se cuestionan si deben aumentar o no los impuestos para corregir su creciente desigualdad social, lo que no debaten es si deben seguir desarrollando las nuevas tecnologías y todas sus multinacionales.

España, en cambio, se resiste a debatir sobre lo que no ha resuelto, que es producir y vender más. Mucho más. Si los impuestos deben ser más o menos elevados debería ser un debate posterior, salvo que esté directamente relacionado con la inversión productiva, lo cual no es frecuente en este país.

Falta un nuevo modelo económico y ni el Gobierno ni los grandes partidos incluyen ese reto de fondo en sus prioridades. Es una diferencia grande con respecto a los tiempos de Felipe González o de José María Aznar, en los que se sentaron las bases del posterior desarrollo económico, con sus errores y aciertos, pero con determinación.

Cualquier español sabía en los años 80 que su país iba a cambiar su modelo económico con la adhesión a la entonces llamada Comunidad Económica Europea. El español menos informado sabía a finales de los noventa que la liberalización del suelo traería un boom del ladrillo.

Con Mariano Rajoy, ¿cuál es hoy la respuesta que daría un español del siglo XXI? Seguramente ninguna equiparable, porque no la hay. Dicho en el más amplio sentido de la palabra, falta innovación en la economía española. Hace falta un nuevo modelo de crecimiento, tanto para darle trabajo a la gente como para ver si deben subirse o no los impuestos, y para qué. Todo lo que no sea eso será repartir pobreza o hacer demagogia.

En realidad, este es el debate más elemental de cualquier política económica. Y así ha sido siempre. Con independencia de las desaceleraciones coyunturales, el salto de calidad dado por la economía española durante el pasado siglo XX y los primeros años del siglo XXI fue tremendo, hasta el punto de que, justo antes de la crisis de 2008, España se había situado entre los países más ricos del mundo. Tras la Revolución Industrial, la economía de guerra y el Plan de Estabilización, el último gran hito fue la entrada en la UE, en 1986, que marcó el devenir de España y su economía.

De lo que se trata ahora es de establecer esa nueva frontera para el siglo XXI. España y los españoles –sobre todo los jóvenes y los parados- precisan saber si hay futuro en su país. Y no lo saben, porque nadie está en ese gran debate, mientras sobran políticos de regate corto.

España sobrevive gracias a lo que le queda de la vieja economía y al boom turístico, pero hay pocas noticias en materias tan decisivas como el I+D+i, siglas que alguna gente se toma ya a cachondeo pero sin cuyo desarrollo el país no tendrá futuro.

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