Cambio de ciclo

La crisis, seguramente por los problemas económico-sociales que genera en gran parte de la población, desestabiliza mucho y en sus años de reinado produjo dos heridas que están medio cicatrizadas en agosto, pero volverán a abrirse en setiembre y seguirán convulsionando a la sociedad.

La primera es lo que Enrique Gil Calvo llama la “endofobia”, es decir, el odio dirigido no contra un enemigo común externo, sino “contra nuestros enemigos íntimos: los peperos, los sociatas, los separatistas, los centralistas”, el vecino de al lado… En las manifestaciones de algunos líderes políticos, en los debates parlamentarios o en las sesiones de control y hasta en las tertulias y comentarios de algunos analistas hay mucha endofobia, se respira un ambiente cargado, a veces de odio y siempre de crispación malvada, aquella que induce a considerar como enemigo a todo el que no piensa igual, en lugar de ver en él un portador de otro punto de vista que enriquece el debate.

Una segunda secuela, tan perniciosa, es la tendencia españolísima a ignorar la historia y olvidar de dónde venimos y a dónde hemos llegado para arremeter contra todo y querer destruirlo todo, como si no hubiera nada aprovechable en el entorno político, económico y social que hemos creado entre todos.

Ahora mismo, “nos está entrando una grave y extraña fiebre de fin de ciclo”, dice el profesor Barreiro Rivas. Hemos finiquitado la Transición, hace un mes sobraba la monarquía, hay que revisar la Constitución, como si cada generación tuviera que votar una Carta Magna, y cambiar el estado de las autonomías por el federalismo, se quiere enterrar el bipartidismo que consolidó la democracia y catapultó al país a un progreso sin precedentes, se “compran” propuestas políticas que pueden ser válidas para una isla ajena a la mundialización de la economía, pero no para un país que compite en el circuito de los países comunitarios…

En fin, que vivimos en una sociedad tensionada en la que estamos sustituyendo la capacidad de entendernos por esa pertinaz manía tan ibérica de lapidar al de enfrente y estorba gran parte del modelo de convivencia que nos trajo hasta aquí sin que sepamos bien cómo y por qué cambiarlo. Lo peor, dice Barreiro, es que desde los delirios de esta fiebre de fin de ciclo muchos empiezan a creer que cualquier cosa que venga será mejor de lo que tenemos. Y eso suena a “el cambio por el cambio”, que puede llevarnos al caos.

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