Lugo: la muralla de la vergüenza

“Lugo es la ciudad perfecta. A sus pies el dios de las aguas que desde hace milenios, domesticado, la tranquiliza y sosiega. El fuerte cinturón de piedra lleva en su interior un recinto sagrado, la catedral, como entraña donde la devoción se abriga, donde nace el recogimiento. Estas tres cosas, el sosiego, la fortaleza, el recogimiento forman una estructura dinámica, la armazón viva de la ciudad ideal”.

Es la descripción que hace el ilustre lucense Juan Rof Carballo del espacio urbano que se ha configurado en torno a la muralla pétrea, que rodea y protege a la urbe, y a esa otra muralla de las aguas límpidas del Miño en las que Lugo se mira con coquetería singular.
Esta ciudad que, en palabras de Cunqueiro, se alza “donde termina A Terrachá” y deja en el ánimo del visitante el recuerdo de una hospitalidad abierta, llevaba dos meses rodeada de una tercera muralla, la muralla de la vergüenza de las toneladas de basura acumulada en contenedores y esparcida por las calles y plazas a causa de la huelga de unos pocos que perjudicó a muchos, con grave riesgo sanitario para todos.

Todo empezó allá por el 9 de junio, dicen que por la reivindicación de la actualización de salarios y por la consolidación de una paga extra de 600 euros. Después llegaron el incumplimiento de servicios mínimos, los cruces de acusaciones entre empresa y comité de huelga, la pasividad del concello, y los despidos y sanciones a trabajadores que acabaron judicializando el conflicto y enconando las posiciones.
A estas alturas ya no importa quién tuvo más culpa de un conflicto que duró 59 días. Sí se sabe que los vecinos de Lugo y quienes visitaron la ciudad fueron víctimas de una huelga que nunca entendieron y de la que acabaron hastiados, hartos de las reivindicaciones de un comité de huelga inflexible, de la cerrazón de la empresa y de la pasividad del concello.
Todos los derechos se pueden defender y todos los conflictos se pueden resolver si se explora la vía del diálogo, siempre que las partes contendientes conozcan y apliquen la regla de oro de cualquier negociación que implica ceder cada una su parte proporcional para llegar a un punto de encuentro.

La sensación que queda es que “parturiunt montes” y nació un acuerdo en la madrugada del jueves que se podría haber logrado antes de que la huelga empezara. Por eso comité de huelga y empresa –y el concello por la parte que le toca– merecen el repudio de la población, cuyos derechos pisotearon innecesariamente durante dos meses.

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