Más dinero en los bolsillos

Coinciden la mayoría de los analistas en que la nueva y mal llamada reforma fiscal fue diseñada por el Gobierno para ganar votos en las próximas elecciones y, además de tacharla de incompleta, dudan de que esta sea la reforma tributaria que necesita la economía española en estos momentos de débil recuperación.
Con esas consideraciones y sin entrar en detalles técnicos, a los legos en la materia nos llama la atención algunas cosas. La primera, que la rebaja fiscal anunciada es la primera medida económica de alcance que el Gobierno toma sin la imposición-aprobación de la troika. El Ejecutivo lo fía todo a las previsiones de crecimiento y generación de empleo de la economía española y a la previsible “relajación” de la línea de austeridad impuesta hasta ahora por Europa como consecuencia de los resultados de las últimas elecciones. Si se cumplen estas dos premisas, España puede cumplir también los compromisos de reducción del déficit público, aún contando con la menor recaudación por la vía impositiva. ¿Y si fallan las premisas, habrá nuevos recortes? La pregunta es pertinente.
Hay dos medidas en esta reforma que chirrían a la ciudadanía. La primera, que sean “castigadas” las indemnizaciones por despido, cuando ya es bastante tragedia que a un trabajador le echen del mercado laboral para que por encima tenga que pagar más impuestos por los euros que recibe tras ser despedido, que seguro necesita para afrontar la nueva situación de parado. La segunda, que baje el techo de las aportaciones desgravables a planes de pensiones penalizando el ahorro destinado a este fin, cuyo objetivo es complementar la pensión pública, que a ver cómo y en qué cuantía se mantiene en los próximos años.
Tampoco parece muy “progresivo” que la rebaja sea tan beneficiosa para las rentas altas –superiores a 60.001 euros–, dándose además la singularidad de que los directivos del Ibex que cobran sueldos del millón de euros para arriba tendrán las mismas exenciones fiscales que los directivos de nivel medio que perciban los citados sesenta mil euros.
En resumen, no es la reforma fiscal esperada, sobre todo después del informe de la Comisión Lagares, pero habrá más dinero en los bolsillos que los beneficiados pueden destinar al ahorro, a pequeñas inversiones o al consumo, que estimula la economía. Los ciudadanos solemos ser mejores administradores del dinero que los gobiernos y, en este sentido, es positivo el reajuste fiscal que nos devuelve parte de los impuestos que subió este gobierno en contra de su programa electoral.

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