Las protestas de los taxistas

CONOZCO a algunos taxistas, utilicé en numerosas ocasiones sus servicios y siento una gran admiración por estos profesionales que todos los días salen a la calle a una cita con la incertidumbre y el riesgo que conlleva su trabajo de transportar viajeros que nunca pueden elegir.
Hace pocos días los taxistas de varias ciudades europeas –en España los de Madrid y Barcelona– bajaron la bandera y se manifestaron contra Uber, la aplicación on line que ya opera en Barcelona y conecta a través de móviles y tabletas a ciudadanos que quieren desplazarse con conductores particulares que no tienen autorización administrativa, pero transportan viajeros. Es la aplicación de una nueva tecnología al negocio del taxi que los profesionales del sector califican como intrusismo y competencia desleal.
Vistas así las cosas, es entendible su preocupación y llevan razón en la protesta. No es lo mismo buscar a través de internet compañeros de viaje que paguen su parte de los gastos de un desplazamiento que montar un servicio de transporte paralelo y cobrar un porcentaje a los usuarios de ese servicio sin pagar los preceptivos impuestos.
Pero, dicho esto, no se pueden poner puertas al campo de las nuevas tecnologías, que están revolucionando la vida de las personas y los modos de producción de todos los sectores de actividad, desde el transporte a las finanzas, pasando por la cultura, la hostelería o los medios de comunicación. Hoy se puede acceder, directamente o a través de plataformas, a multitud de productos y servicios como el alquiler y compra de pisos, casas y habitaciones, o la compra de viajes, libros y artículos diversos. El mundo es un “mercado global” en el que se puede operar desde su casa teniendo las tecnologías adecuadas.
Uber representa una alternativa para el consumidor y, por eso, los taxistas, más que pedir su “cierre”, deberían exigir que cumpla con las obligaciones legales y tributarias, como vienen haciendo ellos, para competir en condiciones de igualdad.Conseguido eso, deben adaptarse a los cambios que trae consigo esta y otras tecnologías que vienen para quedarse y también llegarán a Galicia.
“Tenemos que trabajar con ellas, no contra ellas”, dice Neelie Kroes, comisaria de la Agenda Digital. Quien no lo perciba así, quien no se anticipe al mundo que viene, no sobrevivirá profesionalmente en este tiempo en que, paradójicamente, lo único permanente es el cambio.

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