La comida de los más pequeños

Las aulas escolares se cierran. Y los comedores, también. Es la triste realidad que se viene denunciando en los últimos tiempos y que se convertirá en un hecho tangible en las próximas horas. Los medios de comunicación no se cansan de recordar que muchos niños –se habla de varios millares– van a quedarse sin su sustento alimentario más importante del día que reciben en los comedores escolares. Para muchos de ellos, como insisten profesores y tutores, es el único alimento de toda la jornada. Recuerdo las manifestaciones hechas por una profesora en un programa de televisión en las que denunciaba que muchos niños acudían por la mañana al centro escolar sin haber desayunado. Y cuando se les preguntaba, después de reconfortarlos con el primer alimento del día –en muchos casos pagados por las APA o los propios docentes–, sobre lo que habían cenado antes de irse a la cama, un alto porcentaje daba repuestas evasivas para no descubrir el drama que se habían acostado con el estómago vacío.
Cuando se quieren justificar los porqués para no abrir determinados comedores en época estival y cubrir las necesidades de estos niños, se dice que no se quiere estigmatizar a los menores en riesgo de pobreza y exclusión social. Una decisión en la que no se ha prestado atención a las opiniones de responsables destacados como, por ejemplo, Soledad Becerril, Defensora del Pueblo, que recientemente recomendaba que los niños en situación de vulnerabilidad no fueran privados de una alimentación adecuada cuando finalizase el curso. Reconozco que entre todos tenemos que proteger a los menores, pero también tenemos que garantizarles una alimentación adecuada y saludable. Las dos cosas son compatibles Es el momento de tejer redes entre todas las partes implicadas –administraciones, padres, profesores, colectivos, instituciones, ONG–, para dar respuesta a un tema que comenzó siendo una denuncia menor y lejana en el tiempo, para llegar al momento actual a ser una realidad que atenaza a muchos hogares que no saben cómo van a solucionar el problema de la alimentación de sus hijos.
Las entidades que trabajan en el campo de lo social y de ayuda a los más débiles estudian fórmulas para garantizar la principal ingesta de los niños. Se plantea instalar cocinas de tipo económico en las que los padres puedan recoger platos preparadados destinados a los menores de la casa y reforzar la entrega de alimentos para que los progenitores los puedan cocinar para los niños en casa. Cualquier fórmula es buena una vez que los comedores de los colegios cierren sus puertas. Los más pequeños de la casa nos lo agradecerán.

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