El desafío de Podemos

Tanto el establishment político como la ciudadanía estamos poco preparados para desafíos no convencionales. Por eso reina gran desconcierto entre la gente, los políticos y los medios de comunicación ante la irrupción de Podemos, que ha generado valoraciones y análisis ­contrapuestos.

Podemos es un producto con buen nombre y muy bien vendido en el mercado electoral. Sus propuestas son muy atractivas, populistas y utópicas unas, que no encajan dentro de la estructura política y económica establecida, y reformistas y realizables otras, pero duermen en el limbo por la falta de voluntad política para implementarlas.

¿Quién no está harto de la mala gestión de la crisis y de las desigualdades que crea? ¿A quién no le repugnan los privilegios y la corrupción de la ‘casta’ política? ¿Cómo no estar de acuerdo con que la creación de empleo y la lucha contra la pobreza deben ser prioridades en la acción de los gobiernos? ¿A quién no le gustaría cobrar un sueldo o una pensión de calidad? ¿Quién no se siente sacudido al escuchar que «los mayordomos de los ricos son los que nos están gobernando»?

Estas y otras cuestiones conforman las preocupaciones de las que la gente habla en la calle, que los integrantes de Podemos elevan a categoría en sus mítines en forma de mensajes simples y efectistas que caben en un twit y calan hondo en muchas personas descontentas y desencantadas con lo que están viendo.

Nadie sabe qué recorrido tendrá esta formación asamblearia, radical en muchos planteamientos que de realizarse nos acercarían a Cuba o Venezuela. Es posible que Podemos no consiga asentarse en una estructura operativa perdurable y no represente un desafío al statu quo, aunque un sondeo le asigna 58 escaños en unas elecciones generales.

Pero que nadie dude que en este grupo de jóvenes políticos de laboratorio están plantando una semilla ideológica que brotará con fuerza cada año para exigir a los partidos del arco parlamentario una verdadera regeneración de la democracia y de la vida pública española. Es su gran aportación al sistema que ellos cuestionan.

Por eso harían mal los partidos tradicionales si catalogan a Podemos como una organización friki, revoltosa y con ansias de poder «que se irá diluyendo con el tiempo» y no aprenden la lección de este terremoto político. Si no entienden lo que está pasando, la desafección hacia ellos irá a más y dejarán un país difícil de gobernar.

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