Mirarse el ombligo

Mientras que Rubalcaba encontró la puerta de salida, muy a su pesar, Rajoy sigue envolviéndose en la bandera de la economía para decir que todo va mejor y que antes de lo previsto saldremos del pozo en el que nos ha metido la crisis. Son dos formas de ver unos resultados electorales que han puesto de manifiesto que en nuestro país hay demasiados descontentos y en plena desafección –los que no votaron–, como queda reflejado en los más de cinco millones de votos perdidos.

Rubalcaba, que pierde apoyos a pasos agigantados, ha demostrado que tiene más sentido del humor que Rajoy. La frase “los españoles enterramos bien”, pronunciada ante los empresarios catalanes, pone de relieve que el otrora profesor universitario sabe encajar los golpes. Por su parte, Rajoy, sin sonreír, se limitó a comentar que había que tomar medidas sin decir cuáles y dejando en el limbo de los justos y del tiempo esas posibles fórmulas de acercamiento a los ciudadanos para que se resuelvan por sí solas.
La marcha de Rubalcaba obliga a que el Gobierno y la Generalitat se tengan que mirar el ombligo. No olvidemos que el líder socialista estaba haciendo de mediador en el conflicto que mantienen los dos ejecutivos por el tema soberanista. En una palabra, que intentaba ser el jefe de estación que se encarga de dirigir el paso de los trenes para que no se produzcan los choques que en caso de no poner remedio político se van a producir en noviembre, cuando la bandera del separatismo, en forma de consulta popular, sea enarbolada por Mas y sus seguidores.

Mirarse el ombligo es una buena terapia para darse cuenta de que se van rompiendo las ataduras de la partitocracia a las que nos tienen sometidos las formaciones que siguen defendiendo la hegemonía del bipartidismo en un país que les ha ido demostrando que hay otras opciones con las que también se tiene que contar.

Mirarse el ombligo es un sano ejercicio. Para hacerlo tenemos que bajar un poco la cerviz, lo que significa que la y altivez de los políticos se entremezcla con el pueblo que les vota. Es algo que le recomiendo a Rajoy para que pueda ver de forma directa los cuatro más graves problemas de nuestro país: la pérdida adquisitiva de millones de españoles que no llegan a final de mes y que engrosan lo que se llama pobreza laboral; los cientos de miles de familias que no reciben recursos económicos y que superan las barreras del umbral de la pobreza; el vandalismo que se apodera de nuestras calles, los más de cinco millones de parados, y el secesionismo catalán, que ahora también propugnan los vascos. Son realidades que el presidente del Gobierno parece que no quiere ver. Es necesario mano fuerte y adecuadas decisiones políticas para solventar estos temas que preocupan a la sociedad y que lo demuestra con sus votos en las urnas. De ahí que le siga recomendando que mirarse el ombligo es una buena terapia. Pruébela, señor Rajoy.

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