Un poco de autoestima

La semana pasada “Il Corriere della Sera”, el principal diario italiano, repartió de forma gratuita veinte millones de copias de un suplemento en el que solo publicaron buenas noticias referidas a Italia. En veinte páginas se destacaba el éxito de la marca “made in Italy”, las exportaciones, la investigación, el voluntariado o el turismo y reivindicaban a Miguel Ángel, Leonardo, Maquiavelo, el café capuccino, la pasta o la Vespa.

Dicen los editores que esta no es una iniciativa patriótica para “echar un cabo” al Gobierno, sino que el objetivo es dejar a un lado por unas horas las malas noticias que producen sonrojo o rechazo y contar algo de lo bueno que tiene Italia que sea como una especie de empujón para que el país recupere la confianza en sí mismo.

Es una iniciativa plausible y seguramente muy oportuna que ojalá copie algún medio de comunicación español porque nosotros, igual que los italianos, estamos acostumbrados a las informaciones negativas y, sin embargo, España también es pródiga en la generación de buenas noticias que con mucha frecuencia pasan desapercibidas o quedan eclipsadas por otros episodios que producen vergüenza e indignación.

Hace un año preguntaban al embajador de Alemania como veían a España en su país desde la perspectiva económica y Reinhard Silberberg contestaba que “la imagen de España es mucho mejor de lo que se piensa, nosotros confiamos más en las posibilidades de este país que los propios españoles”. Y hace un par de meses Rosa Duce, economista jefe del Deutsche Bank, decía que “España se ve fuera como un país que hace los deberes…, fuera hay más confianza y más optimismo que el que tenemos nosotros mismos”.

De modo que, con suplemento de buenas noticias o sin él, es necesario ver a España como una vieja y gran nación que también puede presumir de sus literatos y artistas, de sus monumentos, de sus vinos, de su gastronomía, de ser una potencia turística, de sus empresas dirigidas por grandísimos profesionales que realizan grandes obras o gestionan importantes infraestructuras por el mundo… Y España, que ahora está pasando un mal momento, seguro que acabará superando la crisis, como ha superado aquella etapa más difícil de la transición de una forma tan ejemplar que asombró al mundo.

Ni estamos tan mal ni somos un país tan desastroso como pensamos con frecuencia en ese ejercicio pesimista y auto destructor que, a veces, parafraseando a Paul Watzlawick, se convierte en “el arte de amargarse la vida”. Nos hace falta recobrar un poco de autoestima.

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