Tricornia

Hace unos días el congreso de los diputados tuvo una visita peculiar. Se congregaron en el hemiciclo casi medio centenar de guardias civiles femeninas con sus uniformes impecables y sus melenas recogidas. Visitaron el lugar donde reside la voluntad popular (al menos teóricamente) y fueron recibidas por diputadas de todos los grupos y por el ministro de Interior. La imagen de estas mujeres sonrientes, sacándose fotos en el hemiciclo con sus móviles, buscando las huellas de los balazos del intento de golpe del 23 F, da cuenta de la normalidad y naturalidad con la que se manejan en la institución las más de 5.000 mujeres que forman parte, hoy por hoy, de la Benemérita, en Galicia suman 275.

Para las generaciones actuales, una mujer con el uniforme de la Guardia Civil es algo normal, pero en 1988, cuando la Ley permitió su entrada en la institución, muchos sintieron que se estaban excediendo unos límites infranqueables. Ese año fueron 2871 las valientes que se presentaron para entrar en el cuerpo y 198 fueron seleccionadas. Digo valientes porque en esos años presentarse como aspirante suponía un verdadero desafío. No sólo había que luchar contra las reticencias normales de los propios miembros de la Guardia Civil, sino también contra una opinión pública aún dominada mayoritariamente por estereotipos machistas. Y sin embargo estamos hablando del final del siglo XX, de hace “sólo” 25 años, cuando ya llevábamos 10 años de transición democrática. Para muchos puede parecer que se esperó demasiado tiempo. En 1998, diez años después, la primera mujer oficial de la Guardia Civil llegó a Oleiros. El momento era histórico, tanto es así que inspiró una serie en la época en TVE, “La Teniente”.

Miremos hacia adelante. Hoy las mujeres en la Benemérita representan un 6% del total y de ellas, un 3% son oficiales. Queda, por tanto, mucho por hacer. El primer impulso se hizo hace 25 años. Probablemente hubiese podido producirse antes pero los tiempos de la historia son los que son. Ahora es el momento de pisar el acelerador y conseguir no sólo mayores niveles de participación, sino también mayores cuotas de mando.

De la misma manera que el cambio llegó hace 25 años con la incorporación de las mujeres a la Guardia Civil, también la percepción de los ciudadanos por el cuerpo ha ido cambiando y el miedo que inspiraba el uniforme ha dado paso al respeto que hoy sentimos por los agentes. Un cambio que ni ha sido fácil ni se ha producido de la noche a la mañana. Pero supone algo muy importante: una nueva forma de enfocar el servicio a la ciudadanía. Y, sobre todo, integrar en nuestras conciencias el artículo 14 de la Constitución: “todos los españoles somos iguales ante la ley” (…y el orden).

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