Políticos, no saben, no contestan

Uno que lleva demasiado tiempo, cerca de medio siglo, trabajando en esta profesión/oficio de informar y preguntar en nombre de los demás para ser notario de la actualidad, se siente un tanto cansado de ver como los políticos, preguntes lo que les preguntes, van a responder lo que les dé la gana; lo que quieran y, la mayoría de las veces, sin tener nada que ver con nuestro interrogante.
En los últimos tiempos y, me circunscribo más, en el último mes, tenemos referencias claras de lo que les comento. Políticos de alto rango, entiéndase en el Ejecutivo del máximo poder estatal, al ser entrevistados en sendas televisiones privadas ponen el piñón fijo, van por el libro o dietario de las normas, y contestan lo que les parece sin tener nada que ver con lo que el periodista les ha preguntado. Y una de ellas es capaz de aguantar el tipo hasta en tres ocasiones saliéndose por la tangente pese a la insistencia de la entrevistadora que, dicho sea de paso, la dejó por aburrimiento. Ellos son un claro ejemplo de mi reflexión en voz alta: ministra que se encarga de los temas del empleo (Fátima Bañez), y otro que le da vueltas de tuerca a nuestros cuartos vía impuestos (Cristobal Montoro)
Son como la avestruz escondiendo la cabeza, con la sonrisa en los labios, y recordándonos que se dejan la piel –siempre perdiendo dinero con respeto a su trabajo fuera de la política (sic)–, en favor de los ciudadanos que les entregaron su voto para hacer de él un auténtico pandero o, si lo prefieren, su salvoconducto para aumentar su cuenta corriente. Los hay que la tienen como el cemento, de verdad…
En todo este proceso de preguntas sin respuestas, de ruedas de prensa sin preguntas, de contestar lo que les viene en gana, me acuerdo de la teoría del profesor alemán de difícil nombre, Ollendorf, para la enseñanza de idiomas basada en preguntas con respuestas disparatadas. En fin, algo parecido a aquel “Usted pregúnteme lo que quiera, que yo le contestaré lo que me dé la gana…”.
Les prometo que yo seguiré preguntando. Ellos me responderán lo que les parezca más oportuno, o lo mejor para sus intereses partidarios. Y si no quieren que nos sigan tomando el poco pelo que nos queda, la solución la tienen en sus manos y en sus votos. Yo lo tengo claro y en las próximas elecciones –para que unos cuantos consigan escaños europeos muy bien pagado–, previstas para el mes de mayo voy a ejercer mi derecho de no votarlos. Voy avisando… Creo que vamos a ser muchos los que opinemos del mismo modo

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