Trabajadores pobres

El estudio anual de la Escuela de Alta Dirección y Administración -EADA- y de la consultora ICSA sobre “prácticas retributivas, situación de los salarios y políticas salariales” constata que la brecha salarial se agranda en España. Mientras en 2013 las retribuciones de los directivos aumentaban en un porcentaje cercano al siete por cien, las de los mandos intermedios menguaban un 3,8 por cien y la caída media de los salarios del grueso de los trabajadores fue del 0,4 por cien.

Según los autores del informe, los datos reflejan la progresiva desaparición de la clase media mediante el proceso continuado de devaluación salarial que empobrece a millones de trabajadores. Los sueldos se equiparan por la parte baja de la pirámide y no cesan de bajar desde 2009, mientras que “los que más ganan, ganan cada vez más, con aumentos superiores al Índice de Precios al Consumo”. Aparte de la brecha salarial que se implanta en el país, otros observadores de las tendencias del mercado laboral sostienen que en los próximos años el empleo será a tiempo parcial, una forma de contratación que ya se está extendiendo en España, cuya implantación mejorará el dato estadístico del paro, pero tiene la consecuencia perversa de que el empleo que se genere será precario, con contratos temporales que no ofrecen estabilidad económica. Son los famosos minijobs, contratos por unas horas que puede ser una solución aceptable para los jóvenes que entran en el mercado laboral, pero son una mala solución para los adultos con cargas familiares o cercanos a la jubilación porque el salario percibido guarda proporción con el tiempo de trabajo.

Un trabajador a tiempo parcial, dice Gimeno Diaz de Atauri de la Universidad Carlos III, “es un consumidor precario que viene a engrosar esa nueva clase social, impensable antes de la crisis, la de los trabajadores pobres, quienes a pesar de tener un empleo llegan con muchas dificultades a fin de mes”, lo que implica condiciones de vida precarias.

Naturalmente, el deterioro del mercado laboral tiene, además, otras consecuencias negativas, entre las que cabe destacar las escasa recaudación del Estado para la financiación de sus gastos y la baja cotización a la Seguridad Social de cara a la jubilación de los propios trabajadores, condenados a una minúscula pensión en el futuro.

En consecuencia, la brecha salarial se agranda y el empleo será a tiempo parcial y precario. Es el mercado laboral que viene, una de las consecuencias de la crisis.

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