No cautivan a los electores

Cuando accedimos a la democracia Europa se veía como una meta a alcanzar y el ingreso en la entonces CE no defraudó, porque fue clave en la modernización política, económica y social del país. Quizá por eso España fue durante mucho tiempo una de las naciones más europeístas, porque sabemos cuanta importancia tiene Europa para nuestras vidas y haciendas.

Pero ahora hay mucha desafección y desencanto entre los ciudadanos hacia Europa, en gran medida debido al poco peso de las instituciones comunitarias en el gobierno de la Unión, que en la “gestión” de la crisis siguieron los dictados de Alemania y sus políticas de austeridad, que están infringiendo un severo castigo a la gente, sobre todo a los ciudadanos de los países del sur.

Por eso, si las elecciones europeas tradicionalmente cautivaron poco al electorado, como evidencia la alta abstención, la convocatoria del 25 de mayo puede establecer un nuevo récord de baja participación tal como anuncian la mayoría de las encuestas. Contribuye también a la abstención la circunstancia de que las listas, sobre todo las de los dos grandes partidos, estén formadas por muchos candidatos desahuciados de la vida política nacional que son premiados con un retiro dorado en el Parlamento europeo.

Tampoco es la mejor forma de atraer el voto el hecho de que esos mismos candidatos tomen estas elecciones en clave local –como primarias de las municipales y generales– y se enreden en discursos más orientados a arremeter contra el Gobierno desde la oposición o a desacreditar a la oposición desde el gobierno que a explicar la idea de Europa y cuál es el proyecto político y económico que van a defender para mejorar las condiciones de vida dentro del país en políticas de empleo, educación, políticas agraria y pesquera, construcción naval…, que son vitales para España y para Galicia.

Sin duda, esto fomenta el euroescepticismo, que puede tener reflejo en las urnas en forma de abstención y de ascenso de partidos radicales, que no solo no creen que otra Europa es posible, sino que combaten la idea misma de Europa.

Aunque algunos no se lo crean, nos jugamos mucho en estas elecciones, porque sin Europa no somos nada. Por eso los candidatos deberían orientar sus esfuerzos a que los ciudadanos recuperemos la confianza en las instituciones europeas, entre las que el Parlamento es la más legítima y democrática, que este año, además, tendrá un papel decisivo en la elección del presidente de la Comisión.

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