Otro informe PISA

 

Hace unos meses, un Informe PISA concluía que los escolares estaban por debajo de la media de los países de la OCDE en matemáticas, comprensión lectora y ciencias. Ahora un nuevo informe los sitúa casi en el furgón de cola en habilidades para resolver problemas cotidianos. La conclusión que puede extraerse de ambos informes es que los estudiantes españoles saben poco y se manejan mal en su vida diaria.

Pero los Informes PISA tampoco son dogma de fe. En este sentido, muchos expertos en educación cuestionan en este último tanto la metodología del trabajo de campo, como el modelo estadístico para elaborar los rankings. Y algo debe fallar porque cuesta creer que el 30 por ciento de los alumnos de quince años, tal como manejan las nuevas tecnologías, no sepan programar un Mp3, un termostato de aire acondicionado o una aspiradora, o que no sean capaces de buscar en un mapa de carreteras la ruta más corta o comprar un billete de metro.

Hechas estas salvedades, hay que admitir fallos en el sistema educativo, uno de los cuales es el predominio de la memorización de conocimientos que después no se saben aplicar. Por eso, dicen los técnicos que hay que cambiar contenidos y métodos de enseñanza para que los alumnos sepan aplicar la teoría a la realidad cotidiana. Parafraseando a Andreas Schleicher, responsable de educación de la OCDE, la economía mundial y la vida de las personas no se centran solo en lo que se sabe, sino también en lo que se puede hacer con lo que se sabe. Es decir, a los escolares de hoy se les preguntará mañana qué es lo que saben, pero sobre todo se les preguntará y evaluará por lo que saben hacer, que solo se consigue con una enseñanza más práctica.

Pero todo indica que nuestra educación no camina en esa dirección. Con este informe PISA se conocieron los resultados de una encuesta de la editorial SM en la que el 87 por ciento de los encuestados –docentes de toda España, desde infantil a bachillerato– reconocen que no están preparando a los alumnos para enfrentarse a los retos del siglo XXI y señalan que los obstáculos que impiden un mejor nivel de enseñanza están en el sistema educativo, en la administración, en la dotación de recursos y en el diseño curricular.

Remover estos obstáculos requiere un pacto de Estado que sitúe al sistema educativo “au dessus de la mêlée” partidaria, lo que hoy, lamentablemente, no parece posible porque vamos por la octava ley de educación de la democracia aprobada, como las anteriores, sin acuerdo de los partidos políticos.

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