El vaso no rebosa

Tomo prestado el título para esta columna de un artículo del profesor Antón Costas en el que cuenta que estando en Lima preguntó por los efectos sociales que estaba teniendo el crecimiento de la economía peruana y su anfitrión le respondió: “Mire, profesor, el problema es que el vaso no rebosa”, con lo que quería decir que los beneficios del crecimiento quedaban en pocas manos y no llegaban al conjunto de la población.
La metáfora es aplicable a España y a Galicia. Es verdad que el cambio de tendencia de la economía es real y que ya hay un ligero crecimiento económico. Pero “el vaso no rebosa”, esa mejoría no llega a la gente que siente que los recortes y ajustes se han hecho crónicos en forma de contratación en precario, salarios más bajos, servicios básicos del estado de bienestar más caros, pérdida continuada de poder adquisitivo, inseguridad e incertidumbre ante el futuro…
Es peor aún la situación de más de cinco millones de personas que sufren exclusión social severa o la vida de más de 500.000 familias, casi el doble que en 2007, que no tienen ingreso alguno, según el informe Foesa-Cáritas, ese que cuestiona el ministro Montoro porque no baja a la calle. Y es escalofriante el informe de Cáritas Europa que concluye que España es el segundo país de la Unión con el mayor índice de pobreza infantil, solo superado por Rumanía.
Mientras, estos mismos ciudadanos perciben que “el vaso sí rebosa” para los más ricos que apenas han notado los efectos de la crisis. Lo dice la OCDE que certifica en su último análisis que España es el país en el que, en los años de la crisis, más aumentaron las desigualdades entre el pequeño grupo de los ricos y el resto de la población.
Por tanto, muchas variables económicas avalan la recuperación, pero esta no llega a la mayoría de los ciudadanos que son más pobres, viven en una permanente inseguridad laboral y económica, un porcentaje elevado no llega sin ayuda a fin de mes y muchos pasan hambre.
Por eso, el discurso oficial de que “se acabó la crisis” puede ser irritante y hasta ofensivo, sobre todo para aquellos ciudadanos a los que, en palabras de Antón Costas, después de cinco años de sacrificios no les queda nada en la despensa. Si los gobiernos no “gestionan la recuperación” de tal forma que sus beneficios se repartan entre todos, la indignación ciudadana puede desembocar en una grave crisis social de la que ya tenemos alguna muestra.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar