Ideas muertas

El escritor y analista político Moisés Naím acuñó la expresión “necrofilia ideológica” para referirse al amor ciego por las ideas muertas, una patología que padecen muchos políticos, sobre todo en vísperas de elecciones. “Encienda el televisor y le apuesto a que verá a algún político enamorado de ideas que ya han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada”, dice Naím.

Traigo esta cita a colación a propósito de la irrupción en la precampaña de las elecciones europeas de dos políticos de segunda fila, los “estadistas” Elena Valenciano, que encabeza la lista socialista, y Esteban González Pons, que no será candidato, pero, como los buenos subalternos, siempre está al quite para salir al ruedo político. Ambos están manejando ideas muertas, ideas que ya fueron probadas y fracasaron.

La candidata socialista recupera el discurso de la amenaza de “la derecha que recorta derechos y libertades” y aprovecha la crisis “para ir contra los débiles, para aplastar a los pobres”. A estas alturas, amenazar con que viene la derecha es una “idea muerta” y un insulto a la inteligencia de los españoles que votaron a esa opción política para el Gobierno de la nación, de autonomías y ayuntamientos. Cuando toque, los ciudadanos evaluarán la acción de gobierno y decidirán en las urnas si otorgan o no la confianza a esa derecha que en esta España democrática no es el monstruo que come a los niños crudos.

Esteban González Pons, por su parte, recupera el mantra de que “una victoria de los socialistas no se entendería fuera… Si vuelven, con ellos volvería la crisis y se trasladará una sensación de inseguridad, desconfianza y zozobra”.

Es otra idea muerta porque la socialdemocracia es una opción política con experiencia de gobierno en Europa y en España. Es verdad que a veces su gestión es deficiente, pero lo que hay que analizar ahora es su programa como oferta alternativa para el gobierno de las instituciones europeas y esa posibilidad de alternancia es uno de los hechos sustantivos de la democracia.

Por lo tanto, más que asustar al personal con las ideas fracasadas de la dicotomía derecha e izquierda –discursos de la nada–, deberían enviar mensajes con “ideas vivas”, como cuál va a ser la aportación de sus respectivas formaciones al gobierno del edificio europeo, una realidad inacabada cuyo modelo de gobernanza es determinante para nuestras vidas. Tanto o más que unas elecciones internas.

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