El síndrome del tractor

Allá por los años sesenta del siglo pasado llegó “la modernidad” al campo gallego en forma de tractor, un invento que permitía ahorrar esfuerzos en el laboreo de la tierra en aquella economía minifundista de subsistencia. Pero ocurrió que en muchas aldeas los labradores, en lugar de agruparse para comprar una nueva máquina que daba abasto para todos, empezaron a competir y cada cual compraba el tractor más grande que el del vecino. El resultado fue que había un tractor en cada casa que estaba parado casi todo el año porque las explotaciones no tenían dimensión suficiente.
Me acuerdo del “síndrome del tractor” cada vez que se habla de los aeropuertos gallegos. Como en los mejores tiempos del minifundio agrario, A Coruña, Santiago y Vigo, sus alcaldes y los políticos de todos los partidos compiten por los aeródromos y se espían buscando qué “tractor” tiene el vecino para poder contrarrestarlo “comprando” otras rutas y destinos más relumbrantes, aunque no respondan a necesidades objetivas de la sociedad gallega.
Todos quieren tantos o más vuelos que el vecino pero, como pasó en las aldeas con los tractores que estaban “na palleira” la mayor parte del año porque no había tierras que trabajar, los aeropuertos se van quedando vacíos de viajeros y aviones -en 2013 perdieron 278.000 pasajeros- porque no hay gente que transportar por la crisis, por las nuevas tecnologías –las videoconferencias y otros sistemas de comunicación ahorran muchos viajes de negocios– y próximamente por el AVE . Se estima que con la llegada del tren de alta velocidad, que está a la vuelta de la esquina, perderán entre los tres la friolera de 1,3 millones de viajeros.
¿Tiene remedio la situación? Presiento que no, aunque en esa tarea anda el Comité de Coordinación Aeroportuaria que se constituyó el jueves pasado. La realidad es contundente: sobran aeropuertos en Galicia y, una de dos: o se cierran dos –seguramente la solución más razonable– o se coordinan y especializan los tres bajo el mando de una autoridad que ponga orden en el desbarajuste localista

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