El optimismo del presidente

Parece que en La Moncloa todo se contagia. El presidente Rajoy “heredó” de su antecesor el optimismo proverbial que sacó a relucir en el debate sobre el estado de la nación, volvió a exhibir, casi de manera insultante, en la presentación del candidato de su partido para Andalucía y en el Global Forum Spain, la jornada de  reflexión económica que reunió la semana pasada en Bilbao a lo más granado de la economía nacional e internacional, donde Rajoy volvió a vender al mundo la recuperación de la economía.

Seguramente no le faltan razones al presidente para tanto optimismo económico. A los buenos datos macroeconómicos: crecimiento, exportaciones, turismo, prima de riesgo… vino a unirse el buen dato de la evolución del paro –España crea empleo neto por primera vez desde el inicio de la crisis– y de la afiliación a la Seguridad Social de febrero. La guinda la pusieron la Comisión Europea, que saca a España de la lista de países con desequilibrios económicos excesivos, y el cantante Bono, que en la cumbre de los populares europeos elogió al presidente español por lograr estabilizar la economía.

Por tanto, tiene razón el presidente al decir que la economía española va bien, pero…. siempre hay un “pero” que lo ponen los mismos datos del paro de febrero. Porque es verdad que causaron baja en la oficinas de empleo 1.949 parados, pero siguen apuntadas 4,8 millones de personas, de las cuales 1,8 millones ya no perciben prestación alguna y  están en la exclusión social o en vías de llegar a ella. Tampoco hay que olvidar que la mayor parte de los empleos son temporales y con muy poco salario, lo que está generando la categoría social de los “trabajadores pobres”, es decir, aquellos que tienen ocupación, pero la retribución no alcanza para subsistir.

Hay otro dato significativo: casi el 30 por ciento de los españoles vive de una pensión, del paro o de algún tipo de ayudas sociales que crecen en un contexto económico muy difícil para muchas familias.

En conclusión, el crecimiento es real, pero demasiado bajo y el desempleo sigue siendo demasiado alto. Por tanto, optimismo el justo porque estamos ante una España dual en la que los ricos lo son cada vez más, pero junto a ellos convive la otra España, la más afectada por el paro, la precariedad, los recortes, copagos y la de la devaluación de salarios y pérdida de servicios. A esta España se refería el último informe del Defensor del Pueblo que cuestiona tanto optimismo oficial.

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