Ya era hora

Como en los asuntos de palacio, las cosas en el mundo académico van despacio. Pero felizmente el cambio es -como el paso del tiempo- inexorable.

La Real Academia de Ciencias de Galicia ha tardado 24 años en abrir sus puertas a las mujeres científicas. Sólo una había tenido el privilegio de ser elegida para sentarse en los mullidos sillones da la institución: La catedrática de Farmacia María del Pilar Fernández Otero fue la primera en acceder a la RAGC en 1978, pero su traslado de Galicia la dejó fuera en 1990. Desde entonces los puestos en la cima de la ciencia en nuestra comunidad han sido ocupados de manera exclusiva por hombres.

¿Acaso no había mujeres investigadoras y científicas merecedoras de formar parte de los mejores? Lo dudo. También lo duda la científica Alicia Estévez, una de las dos catedráticas que forman parte desde hace unos días de la entidad. La bióloga gallega afirmó que había muchas que podrían haber formado parte de la magna institución hace ya tiempo. Pero ya se sabe, hay entidades que parecen renuentes a la evolución de las sociedades y que necesitan de ciertos revulsivos para desprenderse de estereotipos e inercias culturales. María José Alonso, catedrática de Farmacia es la segunda mujer elegida. Ella apunta hacia la propia mujer como freno para asumir nuevas responsabilidades. Su grupo de investigación en la USC es mayoritariamente femenino, pero quienes dirigen los equipos son hombres.

Soplan, pues, aires renovados en el mundo científico en Galicia y esto debe ser motivo de saludo. En primer lugar porque se abren las puertas a dos mujeres que ya han probado, con su trayectoria y experiencia, que ocupar un puesto en el máximo órgano del ámbito académico es merecido. En esta decisión no caben cuotas, sino el simple reconocimiento a una labor de entrega a la carrera investigadora, al trabajo y al esfuerzo. En segundo lugar porque la presencia femenina en la Academia no supone simplemente -y ya es bastante- un acto de justicia, sino porque ello aportará a esta entidad una visión distinta de la carrera científica y de la relación de los científicos (as) con la sociedad.

He tenido la ocasión de escuchar en varias ocasiones a María José Alonso y sin lugar a dudas que, además de sus cualidades como investigadora, tiene una notable de capacidad de comunicar y de conectar. De hacernos sentir que la ciencia siempre debe estar al servicio de la ciudadanía.

Enhorabuena al presidente de la Real academia de las Ciencias de Galicia que advirtió que la meca de la ciencia abriría sus puertas a la mujer y ha cumplido con su promesa. Esperemos que le sigan muchas más. Y, sobre todo, que no sea necesario aguardar otras dos décadas para ello.

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