Dos inculpados en el asesinato del chófer de Verín expresan su arrepentimiento

El sicario portugués que degolló al vecino de Verín.
El sicario portugués que degolló al vecino de Verín.

El juicio por el asesinato del conductor de autobús asesinado en Verín, Bernardino Pousa, ha comenzado este lunes con las declaraciones de los principales acusados, todos ellos en prisión, en una jornada en la que el novio de la hija del fallecido y el supuesto sicario mostraron su arrepentimiento, pero negaron haber encargado o acometido un asesinato.

De esta manera, mientras que el novio de la hija –también procesada, junto a su madre– declaró que únicamente había pagado para que le diesen una paliza al hombre fallecido, el acusado de ser el autor material del asesinato del conductor de autobús Bernardino Pousa, el portugués Ilidio M., aseguró que, pese a habérsele encargado matar al conductor, luego se arrepintió y únicamente le dio «dos golpes». El hombre fue degollado.

Durante su declaración, el supuesto sicario aseguró que recibió de su pagador una pistola y el encargo de matarle al volver de un viaje profesional a la playa de Samil. No obstante, según contó, mientras esperaba durante dos horas la llegada del hombre, se sentó en una silla y decidió confesarle «que su familia quería matarle» y, finalmente, le dio «dos golpes».

La declaración de Ilidio fue la segunda tras la del supuesto contratador de sus servicios, Alberto V., que en septiembre de 2011 era novio de la hija de Bernardino. Aseguró que ambos hombres además de su novia y la madre de ésta –esposa de la víctima- participaron en la «trama» que pretendía «dar un escarmiento con una paliza» al conductor para que se olvidase de tramitar el divorcio tras 35 años de matrimonio con Dolores A.A., también procesada.

Ilidio, residente en Chaves (Portugal) comenzó su declaración explicando que a él le «encargan un asesinato», que no cometió, y detalló que el joven que le buscó y pagó le encargó que «lo matara» y que «nada de dar una paliza».

SOSPECHAS DEL NOVIO DE LA HIJA

En su relato, el supuesto sicario relató que aceptó el encargo de Alberto V., que le dio una pistola y le dejó en la nave, donde quedaría pendiente de un mensaje en el que le diría cuándo llegaba su víctima. Así, sentado en la silla en la que esperó, cortó una toalla con un cuchillo para taparse la cara, se puso una funda por encima de su ropa y esperó.

Cuando el conductor llegó y la nave de la cochera quedó vacía, el supuesto sicario «tenía la idea» de confesarle todo, según dijo, pero cuando quiso hablarle, le tuvo que pegar con una barra. Además, también dijo que la pistola entregada por Alberto V. sólo fue utilizada para encañonar a Bernardino.

«Yo no le corté en el cuello ni sé quién lo hizo, aunque tengo sospechas de Alberto», aseguró.

Las declaraciones de la esposa de la víctima, Dolores A., y de su hija Ángeles P., quitaron importancia al posible ultimátum de Bernardino a su esposa para firmar el divorcio de mutuo acuerdo y no dejaron claro si la relación que comenzó con otra mujer fue el motivo de que su hija dejase de hablarle o si eso se debió a que su padre quiso despedirla de la empresa de autobuses, en la que padre e hija trabajaban junto con la mujer con la que mantendría una nueva relación, que esta mujer negó en el juicio.

La hija de la víctima.
La hija de la víctima.

Su esposa admitió haber sufrido una «depresión grande» a raíz de esa relación que él nunca le confesó pero que «la sabía todo Verín», según ella, y se resistió a detallar el patrimonio y bienes que el matrimonio tenía tras 35 años de convivencia. «Y todo sacado de nuestro sudor y trabajo, no molestábamos a nadie y vivíamos muy bien», defendió.

PROBLEMAS ECONÓMICOS

Tras afirmar madre e hija que ninguna obtenía nada con la muerte de Bernardino, en el relato de la hija surgió un elemento que no consta en declaraciones anteriores. Su pareja en aquel momento, Alberto V., tenía una empresa de construcción con muchos problemas de solvencia para hacer frente a las deudas y Ángeles abrió la puerta de su casa a dos jóvenes que buscaban a Alberto: «con una pinta…. con gorras en la cabeza», describió. Esto habría ocurrido quince días antes de la detención de Ángeles y Alberto y de su ingreso en prisión.

Según el relato dado, Alberto bajó con ellos hasta el portal y «volvió blanco», pidió mil euros a Ángeles que no le pudo dar y él le explicó que uno de los chicos era el que dio la paliza a su padre. Además, le dijo que «si no le pagaba, le podría pasar algo a los niños», en referencia a los hijos de ella, de un matrimonio anterior, de 14 y 16 años.

El relato de Ángeles estuvo acompañado por los sollozos de algunos presentes en el juicio, amigos y familiares. En la sala también se dieron cita numerosos medios de comunicación, aunque por la tarde no fue posible la entrada de cámaras y fotógrafos, debido a que se emitieron imágenes del jurado popular, algo expresamente prohibido.

OTRAS DECLARACIONES

Siguieron testimonios de vecinos de Verín, como el que oyó una «secuencia de golpes y gemidos» en la nave de los autobuses el día 11 de septiembre, aunque le separa de ella una carretera con mucho tránsito. También habló una supuesta amiga de Dolores A., que le escuchó decir que su marido tenía «mucha chulería» y que se le quitaría «cuando le hiciesen el pescuezo.

El hermano de Bernardino aclaró que sabía de la mala situación del matrimonio de su hermano porque cada domingo, tras conducir el autobús hasta Samil, comía con él en su casa en Vigo, y señaló que él fue quien le sugirió que pusiese un ultimátum a su esposa para el divorcio de mutuo acuerdo. Además, dijo que considera a su sobrina, Ángeles P., una mujer «con mucha capacidad de decisión y de dominio, así como la ha descrito como «orgullosa y consentida» por sus padres y abuelo. El segundo día del juicio comenzará a las 9,30 del martes.

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