Mangouras culpa a las autoridades españolas de los efectos del «Prestige»

El capitán del ‘Prestige’, Apostolos Mangouras, ha culpado a las autoridades españolas de provocar la contaminación en el Cantábrico y en la costa francesa con el rumbo fijado al barco, tras ser estabilizado el 14 de noviembre de 2002, un día después del accidente. Además, les ha acusado de llevar el buque «a ninguna parte» con su decisión de alejarlo.

Mientras, preguntado por su letrado si era consciente del «valor heroico» de su decisión, la del jefe de máquinas y del primer oficial, de quedarse en el barco, ha dicho que «sí». «Y lo he pagado muy caro», ha añadido Mangouras, quien ha defendido que sus actuaciones buscaron «proteger el buque, el medioambiente y la tripulación», ha apostillado.

En la tercera y última sesión de su interrogatorio por el juicio que se celebra por la catástrofe marítima, ha vuelto a denunciar el trato que recibió por parte de las autoridades españolas tras su detención, el día 15. «Fue el peor día de mi vida», ha indicado Mangouras, quien ha insistido en que le trataron como «un criminal».

ALEJAMIENTO, LA «PEOR» DECISIÓN

El juicio se ha reanudado este martes con las preguntas del letrado de la propietaria del buque, la naviera Mare Shipping. El capitán del ‘Prestige’ ha insistido en que el alejamiento del barco fue «la peor decisión posible» por el aviso de temporal que había para el día 15.

Así, ha recalcado que le extrañó que no les diesen un puerto refugio. «Si el buque se llevaba a una ensenada no iba a perder más carga y se hubiese salvado», ha añadido. También ha indicado que el rumbo lo «definían» las autoridades españolas y que se rechazó su petición de cambiarlo para ir al Sur y no al Norte.

Preguntado por el letrado de la propietaria del buque, si es cierto que «sin la orden» dada sobre el rumbo del barco «la contaminación nunca habría afectado al Cantábrico ni la costa francesa», ha ratificado que «sí».

«CHATARRA FLOTANTE»

Mientras, en el interrogatorio de su abogado, que se ha prolongado durante casi tres horas, Mangouras ha defendido que el buque tenía «más tripulación de la exigida», 27 tripulantes frente a los 14 que, según su letrado, determinaba la legislación.

Asimismo, ha descartado que el ‘Prestige’ pudiese ser calificado como «chatarra flotante», al ser preguntado por las declaraciones realizadas a este respecto por el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

Al hilo de ello, ha remarcado que, en las cinco inspecciones realizadas antes del accidente, el barco no fue «detenido» por problemas de seguridad o corrosión.

En concreto, sobre la corrosión que dijo haber detectado en los tanques de lastre antes de emprender viaje, ha precisado que en «todos» los barcos «veías la herrumbre». «Excepto en los buques nuevos en los que los tanques están pintados de un color que no se va nunca», ha apuntado.

TESIS DEL SABOTAJE

Sobre el día del accidente, ha tildado de «fenómeno» las «olas gigantescas que batían contra el buque», ha reiterado el capitán, quien ha mantenido la tesis de que la fisura en los tanques de lastre se produjo por un elemento que «golpeó» el barco y no por defectos en el mismo.

También ha afirmado que desde el día 13 hasta el 15 que fue evacuado estuvo «72 horas» sin dormir ni comer. «Estaba en una situación de estrés», ha resumido el capitán, quien ha defendido la labor de su tripulación.

«Cómo es posible arriesgar nuestra vida para sabotear», se ha preguntado también Mangouras respecto a la tesis que, en palabras de su abogado, defiende la Administración española sobre el supuesto sabotaje de los intentos de salvamento.

Además, ha señalado que carecía de «fundamento»  plantear que el buque se iba «encima de la costa», en respuesta a las preguntas de su abogado, quien ha planteado que la Administración española tardó «12 horas» en mandar tripulación al ‘Prestige’ para ayudar en el remolque.

Mangouras sostuvo que de saber que el remolque era gratuito lo hubiese «aceptado» sin consultar a su armador, ha alegado ante la acusación de que tardó «tres horas» en aceptarlo y su imputación por un delito de desobediencia.

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