Los humanos y las moscas consumen alcohol por falta de sexo

 

Un estudio de la Universidad de California reveló que los humanos y las moscas de la fruta reaccionan igual cuando ven insatisfecho su deseo sexual: consumen alcohol.

El artículo de la revista Science buscó explicar por qué la expresión “esta noche no cariño” puede llevar a “deme otra cerveza”.

Lo que los científicos hicieron fue poner juntos a una mosca hembra que acababa de copular y a un macho. Este experimento lo hicieron cuatro horas consecutivas durante cuatro días. Como la mosca hembra estaba satisfecha, el macho, rechazado, desistió de buscar la cópula.

Después, los machos rechazados fueron puestos en frascos donde se les ofreció dos tipos de alimento, uno normal y otro con alcohol. De manera sistemática se dirigieron al alcohol con mucha más frecuencia que los machos que habían terminado de copular. De hecho, los machos insatisfechos se pusieron evidentemente ebrios.

Algunos machos rechazados fueron llevados a un ambiente diferente para que estuvieran con hembras receptivas. Una vez que los machos tuvieron sexo, disminuyó su compulsión por el alcohol.

Los investigadores también colocaron a miles de machos de otros grupos con hembras vírgenes muertas, de manera que no padecieron el rechazo pero tampoco tuvieron sexo. También consumieron más el alimento con alcohol.

En esta fotografía suministrada por la Universidad de California en San Francisco, una mosca de la fruta macho, bebe de un tubo una sustancia alimenticia con alcohol.

Entonces, el experimento pasó a la siguiente etapa. Los investigadores realizaron otro trabajo relacionado con una sustancia que está en el cerebro de las moscas llamada NPF. Plantearon la hipótesis de que las actividades placenteras como tener sexo impulsa la actividad de los circuitos cerebrales que utilizan la NPF y eso genera satisfacción. Si una mosca no tiene el sexo que pide, el sistema se descompensa y la mosca siente la necesidad de buscar otras actividades compensatorias, como beber alcohol.

“Me parece que ésta es una muy buena apuesta para ponerla en práctica en los humanos”, dijo Ulrike Heberlein de la Universidad de California en San Francisco, quien dirigió el estudio.

“Se podría decir que ahora podemos comprender por qué una experiencia adversa como el rechazo sexual, puede llevar a alguien a beber”, agregó.

Una futura investigación sobre el comportamiento de la NPF en los circuitos cerebrales podría arrojar luz sobre la biología del alcoholismo y posiblemente apuntar a tratamientos algún día, estimó Troy Zars de la Universidad de Ohio en Columbia, quien no participó en el estudio reciente.

 

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar