Niños inmaduros mal diagnosticados de hiperactividad

Esa es la conclusión de una investigación llevada a cabo en Canadá que aparece publicada en Canadian Medical Association Journal.

Tras analizar los registros los científicos encontraron que los niños nacidos en diciembre -los que eran 12 meses más jóvenes que sus compañeros nacidos en enero- mostraron 39% más probabilidad de haber sido diagnosticados con TDAH que sus compañeros nacidos en enero.

Los más jóvenes tenían 48% más probabilidad de estar siendo tratados con medicamentos para el trastorno, afirman los autores.

Los científicos creen que más que hiperactivos, estos niños son inmaduros comparados con sus compañeros y se les está haciendo daño al medicarlos.

“La edad relativa de los niños está influyendo en su diagnóstico y tratamiento para TDAH” afirma el doctor Richard Morrow, quien dirigió el estudio.

“Nuestro estudio sugiere que los niños más jóvenes y menos maduros están siendo inapropiadamente clasificados y tratados”.

Salón de clases “Es importante no exponer a los niños a los daños potenciales de un diagnóstico y uso de medicamentos innecesarios”

El TDAH es uno de los problemas conductuales más comúnmente diagnosticados en los niños y el uso de medicamentos para este trastorno puede tener un impacto negativo importante en su salud ya que sus efectos secundarios incluyen problemas para dormir y de desarrollo.

Los investigadores están pidiendo que antes de llevar a cabo un diagnóstico de TDAH, los maestros, médicos y padres lleven a cabo un monitoreo más detallado del comportamiento del niño tanto en el colegio como el el hogar.

“Es un estudio muy importante, con conclusiones totalmente lógicas que alguna vez hemos comentado entre compañeros”, señala la doctora Lola Mojarro, presidenta del comité científico de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente (AEPNYA). Aunque añade que este fenómeno es difícil que ocurra en España, “porque aquí se diagnostica menos y mejor, no únicamente en base a cuestionarios”. Añade que 12 meses suponen una diferencia enorme a los cinco o seis años; “aunque como bien apunta el trabajo, dicha brecha se va equilibrando cuando el menor se acerca a los 11 o 12 años”. A su juicio, sería lógico separar a los niños en los primeros cursos; “por un lado los nacidos de enero a junio y, por otro, los de julio a diciembre”.

Los autores concluyen que “los daños potenciales de un diagnóstico o tratamiento innecesarios y la falta de una prueba objetiva para TDAH sugiere claramente que se debe ser cauteloso al analizar a un niño para clasificar este trastorno y ofrecerle un tratamiento”.

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