Los últimos minutos del ‘Costa Concordia’ en el sistema de navegación

El sistema de navegación muestra la colisión y la hábil maniobra posterior.

El Costa Concordia se acerca a la isla de Giglio. Avanza con decisión a unos 17 nudos hasta que colisiona con una roca que se ve claramente en el plotter, el aparato en el que se distingue todo el perfil marino. Su velocidad baja de golpe hasta los siete nudos. Se ha abierto una vía de agua inmensa en el lado de babor. Sin gobierno sobre la zona de popa, el barco usa las hélices de proa para intentar dominar una maniobra que a la postre acabaría salvando muchas vidas. Tras un giro de 180 grados, queda varado en un fondo de arena sobre el costado que no ha quedado dañado.

Este inmenso crucero navegó por última vez el viernes 13 de enero, día en que sufrió un accidente que saldó con 25 muertos y 7 desaparecidos. Sus últimos virajes quedaron grabados en el equipo satélite obligatorio (AIS) que tienen instalado todos los navíos. En este vídeo, de casi cuatro minutos, se distingue claramente la temeridad inicial y la buena reacción posterior. Un experto navegante comparte sus conocimientos para poder entender un poco más lo que sucedió esa fría noche. “Se aprecia perfectamente que cuando se dan cuenta del error de cálculo, meten toda la caña a estribor y por el efecto timón hacen que el barco colisione lateralmente con el costado de babor, muy cerca de la popa. Lo que sigue después es una buena maniobra y se ve la derrota para varar el barco en un fondo de arena, revirándose y navegando al final de costado, impulsado únicamente mediante las hélices delanteras”.

En opinión de este experimentado marinero, el capitán no debía estar en el puente “en el momento de la aproximación y posterior choque, un detalle que pone de manifiesto una tremenda irresponsabilidad por su parte”. “Después del impacto –prosigue– sí se nota que es él quien maneja, pues la maniobra que hizo varar es muy buena y correcta para salvar muchas vidas”.

Este veterano navegante asegura que las consecuencas hubieran sido mucho menores en el caso de haber chocado frontalmente con la roca, puesto que estos barcos disponen de un mamparo de colisión (compartimento estanco para que la embarcación no haga aguas) que habría causado serios daños pero no la tragedia que hubo que lamentar minutos más tarde. “Sucedió lo mismo con el Titánic. En el cambio de oficial, el que se retiraba se llevó las llaves del armario de los prismáticos. Fue imposible ver el iceberg porque la vigilancia se hacía usando la simple visión desde el puente. Al ver tarde el trozo de hielo, dan la alarma, mueven el barco e impactan de costado, abriendo una vía de agua que resultó fatal. La misma historia: un choque frontal hubiera sido muy distinto”, explica.

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