Proba

La lectura de esta obra me ha puesto en la senda de Salvador de Madariaga, figura con la que cada vez más españoles sintonizan. Anticomunista convencido, fue también uno de los intelectuales que más tenazmente se opuso al franquismo. Exiliado desde el inicio de la Guerra Civil, se granjeó la animadversión de ambos bandos, por su inhibición. Él lo explica, «no podía hablar a favor de los rebeldes, porque negaban todo lo que yo consideraba válido; no podía hablar por los revolucionarios, no solo porque no creía en sus métodos (ni, en el caso de algunos de ellos, en sus objetivos), sino porque no defendían lo que decían defender. Se llenaban la boca con democracia y libertad pero no permitían vivir ni a la una ni a la otra».

Representa como pocos la Tercera España que, según Andrés Trapiello, «fue la primera que perdió la Guerra Civil, porque las otras dos Españas, más minoritarias y revolucionarias, exigieron a esta tercera que se decantara de forma inmediata, tras el alzamiento del 36, por la una o por la otra». Esa España, probablemente mayoritaria, al no identificarse ni con unos ni con otros fue la gran derrotada.

Coetáneo de Ortega y Marañón, gozó de gran prestigio internacional. Primer presidente de la Internacional Liberal, uno de los fundadores del Colegio de Europa y premios Goethe y Carlomagno por su trayectoria al servicio de la unidad y solidaridad en Europa. Falleció en Suiza en 1978 sin haber dejado de ser, como diría Dámaso Alonso, un pacifista empecinado en «la paz universal, en verso y en prosa».

En definitiva, el libro de José Mª Fuente es una muy recomendable e inteligente manera de acercarnos a una cuestión sobre la que deberíamos reflexionar todos más, y que tanto ha condicionado la historia secular de España.

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